sábado, diciembre 31, 2005

llega un momento -siempre llega- en que miras hacia atrás -aunque ese mirar atrás sea hace un mes, una semana, o dos días- y tomas conciencia de la experiencia vivida, y quizá, si eres audaz, y tienes espíritu clasificador pretendes poner un nombre a todo aquello que has experimentado para de ese modo meter todo en un recinto e intentar comprenderlo. muchas veces nos equivocamos si creemos que basta poner un nombre a algo para que el misterio quede resuelto y las tripas de la experiencia se muestren tal como son; también cometemos un error al creer que tener el esqueleto conceptual de una vivencia es definir esa misma vivencia: como si los huesos de un dinosaurio instalados en un podium de algún museo de ciencias naturales fueran ese animal prehistorico desaparecido hace millones de años.

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