viernes, junio 03, 2005

[...]
-Vivir peligrosamente...- repetía de vez en cuando, con salvajes destellos discurriendo por su indomable mirada.
Y cierto, Marinouille le encontró muerto en la cama. Desde hacía poco venía estrechando culpables relaciones con un joven descarriado de crapulosas costumbres, que se había evadido de un penal en el que purgaba tres meses de prisión por el asesinato de doce personas.
Sin embargo, Urodonal no tenía nada de vicioso. La explicación de su triste final se encontró en una recopilación de pensamientos inéditos que no contenía más que uno, escrito en la primera página.
¿Qué puede ser más peligroso que hacerse matar?, había anotado Urodonal.
Una verdad como un templo.
(1949)
[el pensador | boris vian]

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